Al interior del temazcal experimentamos una sensación de paz y tranquilidad inexplicable, una sensación de armonía y cobijo; esta sensación es el sentimiento de estar protegido y cuidado por la madre universal. Cuando entramos al vientre sagrado de nuestra madre (Temazcal), revivimos las más puras sensaciones de amor y cuidado, las cuales se encuentran guardadas como un tesoro en nuestro inconsciente.
Al traer estas sensaciones al consiente volvemos a sentir el amor divino, en este punto de nuestro encuentro con la divinidad, se nos da una nueva oportunidad para limpiar todos aquellas fallas mentales y físicas en las cuales hemos incurrido, se limpian nuestros más íntimos archivos y nuestro crecimiento espiritual nos acerca a lograr la unidad con lo divino. En esos instantes la claridad, la paz, la calma, la salud y el amor están en nuestros corazones, el siguiente paso consiste en hacerlo fluir a través de nuestro cuerpo.
No es de extrañar que para los antiguos solo la nobleza tenía acceso a este tipo de tratamientos, al entrar en contacto con lo más íntimo y sagrado de nuestro ser, entramos en contacto con lo más íntimo y sagrado del cosmos.
Es importante saber que existen diferentes tipos de temazcal y no todos nos proveen de esta maravilla.



